Quito y la amabilidad

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

He llegado a Quito con retraso, a las dos de la madrugada. La ciudad está sumida en una tormenta que viene y va y a según qué horas cierran el aeropuerto. Voy a hospedarme en la casa de Pancho, un amigo ecuatoriano que reside desde hace ocho años en Mallorca. Me viene a recoger Luís, su tío y me lleva a casa. Tras el palizón toca descansar. Lo que no me imaginaba es el recibimiento que iba a tener.

A la mañana siguiente estuve verificando que funcionara todo mi equipo tecnológico; cámara de fotos, móvil… y aproveché para desayunar con la abuela de Pancho. Nunca había visto tanto amor por un país como el que esa señora confiesa por Ecuador. A través del desayuno y la comida que he tenido con ella me ha explicado más sobre la cultura de la zona que lo que puedo encontrar en una guía. Me comenta que en Ecuador hay muchísima fruta y por eso gran parte de la población toma diariamente diferentes tipos de zumos y no tantas bebidas comerciales como hacemos en España.

Dado que me he dejado el cargador de mi Blackberry, aprovecho una bajada al centro para buscar uno. Todas las respuestas, incluso las de las personas que no saben nada, son corteses. Me sorprende la diplomacia y buena educación que impera. Es bonito. Nosotros estamos tan preocupados de otras cosas que muchas veces nos olvidamos de ser amables. De sonreir cada día. De dar las gracias.

He sacado mucho en claro. La mayoría de Quito me lo dejo para otro viaje. Hace un tiempo muy malo para esta época del año y las fotografías no son las que podrían ser. Cuando venga a ver las Galápagos repetiré Quito. Me apunto todo lo que me dice la abuela de Pancho, mañana o pasado iré a Otavalo, y posteriormente varios días en el Amazonas.

Me voy a cenar y a nuestro lado empiezan a tocar música autóctona. Me quedo mirándolos un buen rato. La pasión con la que tocan los instrumentos se refleja en la música que suena. Me pregunto cuánto tiempo hará que esas melodías existen. Cuántos padres e hijos las han tocado. Este viaje a Sudamérica será un viaje a la Historia de mi país, a mi propia historia. Y por ahora todo lo que veo, es gente feliz, que no me ve como un invasor, sino como un amigo.

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Puede leerse también en El Mundo – www.elmundo.es

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3 Responses to Quito y la amabilidad

  1. MIl gracias Juan Carlos por nombrar mi tío Luis ya mi Abuela que tanto los extraño. Como ya sabes y seguro te dijeron, tienes una casa en Quito donde quedarte siempre que vayas :)

    Disfruta de tu viaje!

  2. Por cierto!, Cuando vuelvas a Quito, tienes que subir al panesillo, ahí está la única virgen alada del mundo, que vela por la ciudad, mira que vivia/viven a las faldas de un volcan y tanto el Ruco Pichincha como el Guagua no nos han asustado en años, creo que por eso somo tan amables jejej!.
    Esa Virgen es parte de lo que se llama la Escuela Quiteña de las Artes, no se de que año, pero es en la época de la Colonia, La creó Bernardo de Legarda y por eso se le conoce mas como la Virgen Alada de Legarda. Otra cosa muy plena son los miradores, que pena que el tiempo no te acompañó pero Quito está lleno de miradores, ver la ciudad de día o de noche es un placer, era mi “desahogo” favorito, subir a la montaña y ver mi ciudad y al fondo el Cotopaxi.
    El centro está muy muy lindo me han dicho, pero ya son casi 8 años que no he vuelto :(
    Has un viaje en Bus, de norte a sur y verás en grán contraste que tiene la ciudad al ser tan laaarga.
    Y unas papas con cuero en los agachaditos no deben faltar.

    Abrazos amigo.

  3. Monserrath Guzmán dice:

    ay… perdón por la invasión, pero no pude aguantar leer los comentarios de mi tierra! se me fueron las lágrimas con tu relato! me imagino la charla con mi abuela (soy prima de pancho XD) y me da mucha nostalgia no estar allá, tb vivo lejos de mi familia.
    un abrazo, y me alegra muchísimo que te hayas llevado una buena impresión de mi gente y mi ciudad!
    saludos!!

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