Dos días en el desierto de Mongolia durmiendo en un ger

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada
Terejl Nat. Park. Photo by Emma Shifflett

Terejl Nat. Park. Photo by Emma Shifflett

En cuanto puse un pie en Mongolia, ya sabía que quería ir al desierto. En estos lugares, siempre lo bueno está fuera de la ciudad, y más en un país en el que la mitad de la población no vive en su capital, Ulaanbaatar. Mongolia es un país de nómadas, siempre lo ha sido, desde los tiempos de Gengis Khan, o incluso antes.

Tras ver un poco Ulaanbaatar el mismo lunes que llegué, hablé con Andy y Emma -la pareja que conocí en el Transmongoliano y con los que estuve parado en la frontera tanto tiempo- para tantearles la posibilidad de hacer un tour por el desierto y dormir una noche en un ger, una tienda típica de los nómadas mongolianos.

Conseguimos un tour a muy buen precio y el martes a primera hora ya estabamos en el coche rumbo al desierto. Como preferimos estar más tiempo en el lugar y menos en el coche, escogimos un lugar cercano a Ulaanbaatar llamado Terelj National Park. Llegamos a media mañana y el lugar era impresionante. Y lo más divertido era que el desierto estaba todo… nevado!!!

Eramos los únicos turistas y nada más llegar nos ensenaron nuestro ger y dejamos nuestras cosas. Empezamos a investigar el lugar, y subimos a unas rocas situadas tras el ger, estuvimos cuatro horas subiendo y subiendo, hasta que llegamos a la cima y nos sentimos los reyes del mundo. Tuvimos que pasar arrastrándonos entre piedras para llegar arriba, pero valió la pena. Había una vista fantastica y nos quedamos mirando unas montañas que teníamos situadas justo delante y nos dijimos, manana temprano subimos alguna para ver desde ahí qué hay al otro lado.

En cuanto bajamos, la familia nómada que nos hospedaba nos trajo una comida realmente buena, que tras haber hecho hambre subiendo la montaña, entró todavía mejor.

Tras la comida nos subimos a unos caballos como si fuéramos John Wayne y nos dirigimos a unas colinas cercanas hasta llegar a un ger perdido con un niño pequeño que estaba enamorado del futbol. Jugamos un buen rato con él y nos enseñó unos caballos que nunca llegamos a saber si habían muerto de frió o los habían matado para comérselos, pero delante de nosotros le cortaron la cola y… no quiero saber por qué!

Volvimos por la misma zona que vinimos y nos encontramos con un camello que se dedicaba a comer nieve, situación por lo que decidimos hacernos unas cuantas fotos con él para luego colocarnos en lugares estrategicos y hacer fotos a la puesta de sol entre las rocas y la nieve en el desierto.

La temperatura bajaba rápidamente, de hecho, esa noche estuvimos a -27 grados, pero dentro del ger no tuvimos frio. De hecho, yo sali para hacer una foto, pues el cielo aquella noche, me mostro mas estrellas de las que he visto en toda mi vida. Ese manto estrellado me sobrecogió volviendo a darme la sensación de lo pequeños que somos y de lo mucho que hay por descubrir, tanto aquí en nuestro planeta, como fuera de él.
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Puede leerse también en El Mundo – www.elmundo.es

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