A Pekín en el Transmongoliano

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada
Cambio de raíles. China.

Cambio de raíles. China.

Tras una semana en Mongolia toca coger tren de nuevo y poner rumbo a China, a Pekín. El tren salía de Ulaanbaatar a las siete de la mañana y fue cuando conocí a mis nuevos compañeros de kupé, Christian y Alexandra, de los Países Bajos, y a Shain de Mongolia.

Todos íbamos a Pekín, así que compartiríamos el compartimento durante todo el viaje. Como era muy temprano, por la mañana todos acordamos ir a dormir. Ya nos despertaríamos más tarde… y así fue. Nos levantamos pasada la hora de comer y Christian se empezó a encontrar mal, acababan de volver de varios días en el Gobi y había cogido frío. Tenía mala cara y eso complicaba la situación, puesno es muy apropiado tener ese aspecto para poder pasar las aduanas diciendo que estás sano.

Por la tarde atravesábamos todo el Gobi. Este desierto me ha convencido de que en un futuro volveré a Mongolia. Una maravilla de la naturaleza.

Llegamos a la aduana de Mongolia y os prometo que parecía que la habían tomado conmigo. Me hicieron abrir la maleta y sacar las cosas tres veces. Shain tuvo que abandonar el tren ahí, pues había un problema con su pasaporte y no la dejaron continuar el viaje.

Pasamos al lado chino y empezaron a aparecer chinos uniformados por todas partes. También me hicieron deshacer la maleta dos veces, así que opté por dejarla abierta.

Como los raíles chinos son diferentes a los de Mongolia y Rusia (debido a la guerra que ganaron éstos dos últimos contra China)Alexandra y yo salimos del vagón para ver cómo lo levantaban. Sin embargo, los chinos uniformados nos llevaron a una sala de espera de la que no pudimos salir hasta que el tren regresó.

Christian se quedó durmiendo dentro en el tren porque tenía algo de fiebre y no se enteró de nada.

Regresamos todos al vagón y pusimos rumbo a Pekín. Nos fuimos todos a dormir y al día siguiente amanecimos cubiertos por la arena del Gobi. Por lo visto las ventanas no cerraban bien y todo el polvo entró al compartimento. El resto del tren estaba igual. Toda la parte inferior de la kupé estaba cubierta de una capa de arena cobriza. Intentamos limpiar un poco y nos dirigimos al restaurante. Nos entregaron un vale de una comida que resultó ser una bola de carne con ensalada y arroz. Fue mi primera experiencia con los palillos. Ya voy cogiendo fuerza en los dedos para comer de esa manera ¡Tendré 15 días para convertirme en profesional de los palillos!

Llegamos a Pekín y llamé a Sully, un estadounidense que vive en la ciudad y trabaja como profesor de inglés. Cogí un autobús hacia su casa. Tras el viaje, tocaba descansar un poco.
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Puede leerse también en El Mundo – www.elmundo.es

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