40 horas en tren desde Delhi hasta Anantapur

Posted on by Juan Carlos Castresana
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Hard Sleeper, Tren Indio.

Hard Sleeper, Tren Indio.

Abandoné el aeropuerto resignado, no podía volar. Habían cancelado mi vuelo a Helsinki y, tras mi fuerte discusión con uno de los jefes de Finnair, no podría viajar en avión tan fácilmente.

Me fui a Nueva Delhi con Nico, el chico italiano que había presenciado mi agresión en las oficinas y que había alucinado con el tema. Tras buscar un hotel a euro y medio la noche, dejé mis trastos e intenté encontrar la manera de recibir dinero de España. Tenía sólo 5 euros en mi bolsillo y probablemente bastantes días por delante en Delhi.

Conseguí que mi madre me pudiera enviar dinero mediante Western Union y tras llamar a España y consultar el tema del volcán llamé a Finnair y… ¡Me dieron vuelo para el 30 de abril! ¡Once días más en Delhi!

Así que me puse ha organizar un poco mi estancia ‘extra’ en esta ciudad. El problema: mi visado caducaba el mismo día que tenía que volar. A partir de hoy soy un “ilegal” y estoy viajando por la India sin él. Según la embajada, debido a las características inusuales de la cancelación de mi vuelo, se me dará extensión gratuita hasta mi vuelo. Ya veremos, yo ya no me fío ni un pelo.

Una de las cosas que se me ocurrió fue hablar con con Sue, una mallorquina que trabaja en la Fundación Vicente Ferrer, y preguntarle podía volver para continuar con mi reportaje fotográfico.

Me confirmaron que podía regresar hora y media antes de que saliera el último tren hacia Anantapur. Hice rápido la maleta y cogí un Rickshaw al que le pagué un extra para que fuera como una bala a la estación de tren.

Obviamente, en la estación había muchísima gente. Intenté colarme, pero montaron tal jaleo que decidí hacer la cola. Pero cuando llegué a la ventanilla me llevé una extraña sorpresa: no me querían vender el billete porque ahí sólo atendían a mujeres y gente mayor. Y mi tren salía en siete minutos.

Llamé de todo menos guapo al dependiente. Venderme el ticket le costaba exactamente 15 segundos. Pero no, no me quería vender nada.

Decidí ir hacia los trenes, mientras veía cómo los vagones donde yo tenía que ir se alejaban cada vez más. Empecé a desesperarme. No sabía qué hacer… hasta que me di cuenta de que lo mejor era reacccionar como un turista cualquiera. Me hice el loco y fui hasta unos revisores de otro tres, mucho más simpáticos. Les dije que tenía que llegar a Bangalore (destino final de los trenes a Anantapur) y que me habían dicho que me subiera a un tren y que pagara ahí -nunca lo hagas, te hacen pagar casi el doble y no tienes plaza confirmada, es decir, igual duermes en el suelo con diversos y simpáticos animalitos-.

Los señores encontraron una manera para que llegara cogiendo su tren esa misma noche. Me subí con ellos y fui hasta Agra, la ciudad del Taj Mahal. Ahí tuve que bajar y subirme a otro tren, hasta uqe por fin llegué a Anantapur… ¡Casi 40 horas después!

Viajé en la clase Hard Sleeper, donde he ido hasta ahora, pero ésta vez era un tren indio. Con muchísimo más carácter, sin ventanas, sólo con rejas para que nadie salte, sin aire acondicionado (obvio), con ventiladores por todos lados. Las camas son las más duras que he probado jamás, prácticamente es dormir en el suelo.

El viaje ha sido pesado, espero que para regresar a Delhi pueda coger un avión. El mayor problema ha sido el calor. Estamos a una media de 45 grados, y se nota. Hace muchísimo calor y el agua en seguida se está que hierve. Pero lo que más molesta son los vendedores ambulantes. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada, cada vez que paramos en una estación entran al vagón todo tipo de vendedores y van gritando sus productos. Así es imposible dormir bien. El cansancio se acumula y llegas con ganas de una ducha y de descansar un poco.

Me quedan diez días más en la Fundación Vicente Ferrer para seguir haciendo fotos. Va a ser realmente interesante.
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Puede leerse también en El Mundo – www.elmundo.es

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