Walter, atrapado por el Amazonas

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

Nacido en Uruguay hace veintinueve años, toda su vida pensó en buscar sus raíces españolas en Asturias. Cuando iba a comprar el billete tras mucho tiempo ahorrando, decidió cambiar el destino a Ecuador. No sabía por qué del cambio, aunque siempre había soñado con visitar la Selva Amazónica.

Durante mi estancia en la selva he conocido a diferentes personas, todas ellas realmente interesantes. Walter es una de ellas. Me atrapó cuando empezamos a hablar y me comentaba que había dejado atrás toda la tecnología, por una vida más natural.

Llegué a la Selva y sentí su energía, me comenta. Aquí todo tiene energía. Hay tanta vida aquí que la sientes, la respiras. Hablando con él me transmite su pasión por el lugar. Aquí la vida es realmente salvaje. Siempre me reiré cuando le pregunté dónde estaba el aseo a lo que me respondió: es esa casita de ahí, pero si ves una tarántula, por favor, no la mates. Lo recuerdo porque me reí y luego fui hacia la casita. Me paré justo delante de ella. Estaba oscuro, debían ser las once de la noche y no me atreví a meterme. Volví diciendo, iré al baño mañana. Me sentí un aventurero frustrado. Al día siguiente vi la tarántula, y di gracias de no haberme metido, si me la llego a encontrar, me habría dado algo.

Cuando Walter llegó a Ecuador y se puso a trabajar y vivir en la selva le dieron una casa en la que vivían cinco de esas enormes tarántulas del tamaño de mi mano extendida. Trabajaba ayudando en la comunidad  Pasé el peor año de mi vida, pero luego un chamán me ayudó a eliminar mis miedos, a descubrir mi fuerza y cuando ya no les tuve pánico se fueron.

Le pregunto una y otra vez, qué hace a una persona cambiar radicalmente de vida. Me remite de nuevo a la energía. En la selva se siente libre. Todos los productos que come son naturales, cultivados en ella. Aunque vive más cerca de Guayaquil, vuelve a la selva siempre que puede. “Los animales no te hacen nada si no los molestas”, me cuesta creer esta afirmación, definitivamente no estoy tan preparado como creía para el género animal. Aquí los extraños somos nosotros. Hay que nacer y vivir aquí para que realmente sea tu hogar, pero sin embargo Walter se siente como en casa.

Vivir en la selva puede parecer exótico, pues no está fuera de riesgo, pero la parte de la selva en la que viven, está a una media hora en coche de Tena, la gran ciudad del este de Ecuador. Aunque intentan cultivar la gran mayoría de productos que consumen, saben que pueden conseguir muchos otros en la ciudad. No van muy a menudo, pero ofrece cierta tranquilidad.

Extraño a mi família, pero me vienen a ver, les gusta que sea feliz y que me sienta lleno. Lleno de experiencias, lleno de energía y de vida. Realmente le envídio, no es fácil encontrarse a sí mismo. Él lo ha conseguido.

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