Tom, una vida en la selva

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

Tom Larson es una de esas personas que te transmite su energía y vitalidad en cuanto lo conoces. Una felicidad que derrocha en todo el amor que pone en su trabajo y forma de vida. Con una historia impactancte, me hechiza su manera de ver las cosas.

Nació en Estados Unidos hace 57 años donde formaba parte de las fuerzas de Paz del ejército. Habiendo estado destinado a diversos países, no fue hasta que pisó Ecuador cuando su cuerpo le empezó a pedir el volver a casa, al hogar. Fue su última misión y por razones que no me sabe explicar cambió su vida y su forma de pensar.

Tras regresar a su casa en Washington DC a principios de los años noventa e intentar tener un estilo de vida normal, se dio cuenta que algo no encajaba. Con una trayectoria profesional enfilada, el aprecio de familia y amigos, todo parecía perfecto, pero el disfrute de esa vida tranquila y resuelta no le satisfacía. Se sentía vacío.

Vendió todas sus pertenencias y su casa en lo que antes llamaba hogar y regresó a Ecuador, donde compró 88 hectáreas de Selva Amazónica, algo que defiende como si de un tesoro se tratara. El idioma no fue ya un problema pues había aprendido español durante sus misiones en los cuerpos de Paz.

Sin embargo, cuando llegó a la zona que había comprado se encontró algo muy diferente a lo que había dejado años atrás. Una zona de la selva en declive patente por los métodos de pesca y caza de los propios nativos. Algo que debía cambiar si quería montar un pequeño hotel en su preciado trozo de selva.

Tom se armó de valor y a base de diálogo e insistencia ha conseguido tener cierta influencia en la zona que rodea a su pequeño alojamiento. “Los nativos pescaban con dinamita matando a todos los peces y animales para coger únicamente lo que iban a consumir en ese momento, eso les creaba épocas de hambruna”. Le costó más de un año hacerles entender que no era lo correcto. “Llegamos a un acuerdo; yo les ayudé a montarse pequeñas piscifactorías y así dejaron de matar indiscriminadamente todos los animales del río”. Los indígenas viven el día a día sin pensar en la Selva como hacían antes. Se había perdido el enlace con la naturaleza.

Tras abrir el hotel a orillas del río Arajuno, montó con unos amigos una pequeña ONG en los Estados Unidos que se dedica a pequeñas actividades en la zona. De este modo, por ejemplo, ha vuelto a enseñar cerámica a todos aquellos nativos que lo habían olvidado todo de sus antecesores. Tom asegura que les está enseñando a vivir de ellos mismos. Empieza este año una operación gracias a diversas donaciones que plantará bambúes en ciertos poblados que lindan con el río para que las riadas no destruyan las construcciones como ha pasado otras veces.

El pequeño hotel de Tom sorprende al practicar el “ecoturismo”. Esto quiere decir que intenta tener el menor impacto en el medio ambiente. Toda la electricidad es solar y el agua se extrae del río y de la lluvia. Una manera responsable de viajar a un área ya de por sí dañada por empresas petroleras y madereras.

Si algo me transmite es la felicidad de haber cumplido sus metas y seguir trabajando en otras nuevas. La Naturaleza aquí es la más salvaje que se puede encontrar con tarántulas, anacondas o boas constrictor pero este tema le causa risa. “Lo importante es disfrutar cada momento, trabajar y vivir haciendo algo que me gusta, me ayuda a mantener una actitud positiva y de superación constante” Sólo verle se demuestra que lo que dice no solo se queda en palabras. Este “gringo” que vino para quedarse en la selva se ha ganado el respeto de la gente de la zona y ha dotado a base de trabajo y tesón de una esperanza con final feliz a esta zona de la selva.

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