
Mi amigo Justin. Beijing, China.
En una calle del Pekín antiguo, con más de 500 años de historia, aún se respiran aires de antaño. Con sus pequeños comercios y abundantes cafeterías, algunas de ellas con Internet, es un buen lugar para dejarse caer, pasear y acabar cenando en algún restaurante chino de la zona. Tiene muchísimo encanto y cualquiera que vaya a Pekín tiene una buena razón para recorrerla.
En esta calle se encuentra el Bar Uno de Nan Luo Gu Xian donde trabaja Justin, un estadounidense que conocí en Ulaanbaatar y que vive en Beijing desde hace casi siete años. Gracias a él he podido contactar con gente muy interesante e introducir las quelitas en la gastronomía pekinesa. Aunque no me lo han puesto nada fácil.
Ha sido una pena porque por culpa de las aduanas y el servicio de mensajería no me han entregado las quelitas a tiempo en Pekín.
Como os decía, Justin me presentó a su compañero de negocio chino y a dos amigos tibetanos, uno tenía una escuela para enseñar inglés a gente con un bajo nivel de vida y ayudarles así a progresar y poder encontrar un buen trabajo. Tenzin, el otro tibetano, tenía una cafetería preciosa que está situada a mitad de la calle.
Todos ellos probaron las quelitas y se enamoraron de ellas. Me pidieron más para enseñarlas a sus amigos pero no me quedaban. Les prometí regresar cargado de galletas de Inca.
Me hubiese gustado poder llevarlas a la escuela tibetana de inglés para que los estudiantes las probaran. ¡Algo más que hacer el próximo viaje a China!
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