Los rugidos del Tungurahua

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

He llegado a Baños, la ciudad está en las faldas de un gran volcán de más de cinco mil metros de altura. Un volcán que está activo, que escupe lava y ceniza. El primero que he visto en mi vida. Impresiona. Te hace pensar que realmente hay algo debajo del suelo que pisamos. En nuestra mente es una roca, pero es mucho más que eso.

Estoy durmiendo en un camping a las afueras de Baños, en una tienda de campaña, en un saco de dormir. Ésta noche me despierto de madrugada. He oído un trueno a un volumen que nunca había sentido. Salgo de la tienda y veo que no soy el único. No llueve. No hay nubes. Viene Rich, el dueño del camping y nos dice que ha sido el volcán. Que podemos estar tranquilos, pasa a menudo.

Me vuelvo a meter en mi saco. No puedo dormir. La fuerza del rugido de la montaña me hace pensar en el poder de la Naturaleza. Vengo de la Selva. Recuerdo las conversaciones con Octavio, mi guía Kichwa. Qué pequeños somos. Me viene a la cabeza la novela de Julio Verne, Viaje al Centro de la Tierra. Me imagino a Lidenbrock adentrándose por la ladera del volcán y me gustaría seguirle.

Amanece y tras un buen desayuno me subo a un taxi. Hoy toca acercarme al coloso. Tengo preparado un itinerario para realizar fotografías al volcán. Primero subimos a una montaña que está situada justo delante, nos paramos casi en la cima, con todas las antenas y repetidores. Tengo el Tungurahua delante de mí. Está soltando humo. Fotografío. Me giro. Suena un trueno como el de la noche. Creo que todavía más fuerte. Me agacho como si fuera una bomba que ha caído cerca. El taxista se ríe de mí. Me dice que lleva así diez años y que sólo de tanto en tanto saca algo de lava. Pienso para mis adentros que esta montaña va a explotar. Y que no le falta mucho. Me vuelvo a girar y hago más fotografías y un vídeo. Ver humo saliendo de la Tierra impresiona.

La pequeña ciudad ante mí parece tan vulnerable. Cuando la Naturaleza se enfada, nada la detiene. Bajamos de nuevo y subimos a una colina muy cercana al volcán, a media altura, lo llaman la casa del árbol. Realmente está cerca. Se notan temblores en el suelo. No puedo hacer muchas fotografías. Las nubes que se han puesto alrededor del cráter me lo impiden. Sigue sacando cenizas. El olor se impregna en la ropa.

Bajamos a Baños y doy un paseo por la ciudad. Sólo me viene a la cabeza la fragilidad de la situación. Pero si no estuviera situada aquí, no sería tan famosa por sus aguas termales y sus ricas tierras fértiles a las faldas del volcán. Pregunto a la gente si le preocupa la montaña que ruge, y nadie me muestrala más mínima preocupación. Han aprendido a vivir con ella y de ella. Es una más entre ellos. Aunque hace diez años empezara a resurgir su actividad, no le temen. Yo me he quedado impactado por los ruidos. No me quedo tranquilo. Mañana pongo rumbo Sur. Voy hacia Perú.

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2 Responses to Los rugidos del Tungurahua

  1. Baños está protegida por la virgen de baños, en esos casos es cuando piensas que a lo mejor existen fuerzas sobrenaturales que hacen algo porque como dices ese pueblito puede desaparecer mañana y aún así la gente de ahí no tiene la mas minima preocupación. Entraste en la Iglesia? ahí puedes ver en cuadros, postales, carteas y fotos agradecimientos de la gente que dice ser salvada por algún milagro de la virgen de baños. También de cuidado es el licor del pueblo, El Sanduche, se vende por galones muy barato y muy dulce, no se como aún recuerdo algo de esas viajes.
    Que ganas tengo de volver.

  2. Pingback: Las sonrisas de los niños de Arequipa | Diario Nómada

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