Jugando a fútbol a 4000 metros de altura

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

Durante mi estancia en el Lago Titicaca y dado que está situado dividiendo dos países, visité diferentes localizaciones tanto en Perú como en Bolívia. Las islas Amantaní y Taquile a varias horas de Puno, en Perú y la Isla del Sol y Copacabana en Bolívia. Curioso fue el poder jugar un partido de fútbol en la isla de Amantaní con varios europeos y locales.

Puno es la mayor ciudad que rodea el lago. Aunque no es muy rica, la gente vive relativamente acomodada ya que el turismo que trae el lago se asienta en los hoteles, restaurantes y comercios de la urbe. Las islas son diferentes. En cada una de ellas viven más de cuatro mil personas y las comodidades son más bien escasas.

En mi visita a la casa de Norma en la isla Amantaní pude comprobar que no disponían de ningún hospital o sistema médico, se puede verificar al ver el estado de la dentadura de la mayoría, no hay medicamentos, pero eso no les quita la sonrisa. Lo único que podían hacer era acercarse a Puno en barco, un trayecto de aproximadamente cinco horas.

A los indios quechuas que viven en la isla les encanta seguir viviendo ahí. Son felices. La agricultura les da todo lo que necesitan. Aunque algunos de los muchachos decide emigrar a Puno y cambiar esa vida que tienen, muchos todavía se quedan en la isla. Disponen de dos pequeños colegios y otros muchos se organizan entre las propias famílias para ir enseñándoles.

Los jóvenes tienen a su disposición una cancha de baloncesto y dos campos de fútbol, uno de ellos tiene hasta graderío para cuando se organizan partidos. Aprovechando la ocasión, con todo un grupo de extranjeros que estaban visitando la isla jugamos un partido de fútbol contra los locales. No tardamos en mostrar las señales de fatiga típicas de estar jugando a fútbol a 4000 metros de altura. Nos ahogábamos para el tiempo que llegábamos a la portería contraria, y aunque parezca una excusa de perder más de 2-8, fue un momento de felicidad general.

Todos los niños pequeños y los no tan niños, pues muchos adultos dejaron sus obligaciones para el gran evento del momento, cómo los locales ganaban a los europeos al fútbol. Las gradas se llenaron y la gente iba animando y haciendo fotos con nuestras propias cámaras. Se rompió la monotonía en un día que el deporte ayudó a crear un ambiente de unión.

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