Pekín, la Ciudad Prohibida

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada
Ciudad Prohibida, Pekín, China.

Ciudad Prohibida, Pekín, China.

Nadie puede ir a Pekín y no visitar la Ciudad Prohibida. Su propio nombre ya invita a hacerlo, el hecho de que algo esté prohibido pica la curiosidad. Se trata de un enorme complejo de edificios y palacios en el que residían los reyes y emperadores del imperio chino.

Tanto ellos como su corte tenían su residencia en el laberinto de edificios que, aislados del resto de la ciudad por un canal todavía hoy lleno de agua y por una alta muralla, disuadía al pueblo de querer entrar en la ciudad en la que se decidía el futuro del país.

Hoy en día se entra desde la Plaza de Tiananmen, ante un retrato enorme de Mao Tse Tung que deja claro el sentimiento el gobierno de querer eliminar el poder totalitario de los emperadores para “dárselo al pueblo”.

Tras pasar por toda la nube de miembros del ejército y policía que siempre rondan por la plaza y a la entrada a la Ciudad Prohibida, vamos pasando por una zona que da una idea de la magnificencia del complejo así como de la pomposidad en la que vivían los dignatarios de la época. Se llega a una plaza donde cualquiera puede comprar su entrada para adentrarse y descubrir toda la belleza de las construcciones arquitectónicas chinas.

Resulta muy divertido ver a todos los grupos de visitantes, ataviados con gorras particulares de cada grupo, que suelen ser rojas, y cómo el guía va con un megáfono gritando a los cuatro vientos. De su mochila sale una banderita para que nadie se pierda. Si, en China parece que todo va de seguir a la multitud y hacer lo que se le dice.

Pasas por edificios y edificios, y más edificios, es impresionante lo grande que es la Ciudad Prohibida. Y cuando ves el plano, te fijas que estas visitando únicamente un cuarto de la isla, el resto esta cerrado por reformas o porque no quieren que el público se disperse demasiado. Por norma general la gente va siempre por el centro, rara vez por los lados, que era por donde me movía yo, por lo que me resultó fácil sacar bastantes fotografías sin público. Parecía que tuvieran marcado el camino y lo siguieran a rajatabla.

Conforme pasas edificios llegas a un jardín enorme que esta situado al norte de la isla, antes de la salida norte de la Ciudad Prohibida. Yo he tenido la mala suerte de coger un invierno muy frío, y todos los árboles todavía estaban dormidos, pero ese jardín en primavera debe ser espectacular. Repetiré la visita cuando vuelva a Pekín, porque si, ya pienso en volver. Y esta vez en primavera, sin duda.
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Puede leerse también en El Mundo – www.elmundo.es

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