Navegando al otro lado del mundo

Publicado el por Juan Carlos Castresana
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Bark Europa

Bark Europa

Cuando oigo “al otro lado del mundo” me viene a la cabeza una película en la que Russel Crowe capitanea la nave Surprise durante las Guerras Napoleónicas y navega pasado el Cabo de Hornos para conseguir neutralizar una goleta francesa que pondría en peligro la superioridad del ejército de Su Majestad en aguas del Pacífico. A parte de los momentos en los que la música de Mozart te ayuda todavía más meterte en el papel y en el barco con los marineros, recuerdo las escenas del Cabo de Hornos como algo realmente especial. Una película totalmente recomendable que te devolvía a las aventuras de las novelas de Horatio Hornblower, en la película encarnado en Gregory Peck, con malos y buenos, aventuras y amor por el mar.

Se dice que en las aguas al Sur de Ushuaia sólo los más válidos navegantes y capitaneados por los mejores especialistas, sobrevivían a la ira del viento y las corrientes marinas que ahí se desatan. De hecho, se dice que las tormentas en el Mediterráneo son las peores porque se desatan sin avisar, pero ahí, remotamente en el Sur, siempre están entormentados.

Estoy mirando posibilidades para ir a la Antártida éste invierno próximo (verano en Sudamérica) y todos los barcos suelen ser cargueros. A excepción de algunos buques que viven por y para la aventura. En una de las comidas a diferentes grupos y clubes en los que he ido a comentar mi viaje por Asia y explicar el itinerario del siguiente, una persona me comentó la posibilidad de incluir ese “barco aventura” en mi itinerario y aunque probablemente tendré que desechar la idea, no deja de impresionarme e ilusionarme de querer intentar ir en uno de éstos barcos.

Hay buques del estilo “Juan Sebastián Elcano” que navegan por el mundo. En éste caso, el que yo estoy mirando es el Bark Europa, originario de los Países Bajos, que recorre los océanos durante todo el año. Tiene un viaje que aunque caro, casi 8.000 euros, debe ser sencillamente espectacular. Desde Ushuaia hasta la península Antártica y luego bordeando la Antártida hasta subir a Ciudad del Cabo en África.

El hecho de vivir en Mallorca, tan cerca del mar, me dio desde pequeño un gran amor por la navegación. La desventaja de no poder permitirme tener un velero, no hace sino aumentar las ganas de algún día navegar rumbo a alta mar con ganas de tener una experiencia como las de antaño, y demostrar lo duro que puede llegar a ser el océano. No siendo fácil y más bien arriesgado es una aventura que todo aquél que se tercie y quiera llamarse “aventurero” debe realizar.

En un mundo en el que ya queda poco por descubrir, son las experiencias que vivimos, las que realmente nos demuestra si somos o no aventureros.

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