El Camino del Inca, parte 2

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

Puedes leer la primera parte del artículo en: “El Camino del Inca, parte 1

Día 3.-

Nos despiertan a las cuatro y media con té de coca de nuevo. La técnica de Odón es que seamos los primeros en caminar y por tanto, los primeros en llegar a los restos arqueológicos para que no haya nadie y podamos tomar fotos tranquilamente. ¡Me gusta su idea!

Salimos al alba y empezamos a subir la montaña que teníamos frente a nosotros. Esta es relativamente más baja, únicamente 3950 metros, pero el camino es más ameno. Hacemos una parada antes de llegar a la cumbre en las ruinas de Runkurakay, una antigua posada inca que servía de control en el camino. De camino a la cima pasamos dos pequeños lagos y antes de lo que habíamos imaginado ya estamos en la cima. Ahora toca descender pero antes nos hacemos una fotografía de grupo.

Cada uno va a su ritmo, así los que quieren ir más rápido no tienen que esperar a los que se lo toman con más calma. El camino de hoy va a ser largo por no decir muy largo, pero no difícil. Mientras vamos descendiendo llegamos a un mirador desde el que se distingue una pequeña ciudad sobre una montaña, no es Machu Picchu, son las ruinas de Sayaqmarka, en perfecto estado de conservación, que la niebla le da un tono místico todavía más especial.

La bajada desde las ruinas demuestra que vamos a tener escaleras y escaleras durante gran parte del día. Mis rodillas me duelen, y la pierna derecha también, pero el bastón ayuda. Mientras el camino va serpenteando en un frondoso bosque, el camino se funde con la tierra en un fantástico túnel que me hace preguntarme cuántas personas habrán pasado por él para ir a Machu Picchu, y desde hace cuánto tiempo…

Tras superar el último paso, este más bajo que el anterior, a poco más de 3600 metros llego a las ruinas de Phuyupatamarka famosas por sus baños ceremoniales. Desde ahí se ve el camino original que tomó Hiram Bingham, descubridor de Machu Picchu en 1911. El camino hoy en día está cerrado y sólo está habilitado el que originariamente utilizaban los Incas. Sigo bajando y bajando, las escaleras parecen interminables. Los porteadores hace mucho que me han pasado, supongo que por aquí también habrán pasado corriendo… aunque todo el suelo está empedrado y resbalarse resulta demasiado sencillo, pero para ellos no.

Caminando me topo con gente de mi grupo, decido ir caminando con ellos. Ya llevo demasiado rato caminando solo y acaba por ser desesperante. Mientras caminamos vamos hablando y se hace más ameno el recorrido. Ninguno de nosotros entiende cómo pueden haber escalones tan grandes siendo los nativos tan bajitos. No lo entendemos. Al final llegamos a nuestro campamento, Wiñay Wayna, la bajada ha sido interminable. Ante nosotros tenemos la montaña de Machu Picchu. Está nublado. No se ve nada, pero estamos al lado.

Cuando han llegado todos y hemos comido, pasamos la tarde descansando y jugando a las cartas. Mi grupo me pide que diga unas palabras de agradecimiento a los porteadores y los guías para darles una propina. Todos coincidimos en que creíamos que les teníamos que dar menos, y tras ver su trabajo damos la propina más que encantados. Todos están contentos. ¡Mañana llegaremos a Machu Picchu!

Día 4.-

Hoy es Nochebuena. Nos despertamos a las tres de la madrugada y todavía está oscuro. No somos los únicos que ya estamos despiertos. Todos queremos llegar los primeros a Machu Picchu. Empieza a diluviar y hacemos una votación en grupo, decidimos esperar a que falten quince minutos para que abran la puerta de Machu Picchu y saldremos, nadie quiere estar esperando en la puerta con el diluvio que cae.

Pasamos el último control y nos ponen el penúltimo sello en el pasaporte. Ya sólo nos falta uno. Empezamos a caminar todos en fila india. El camino es angosto y complicado. Tenemos precipicios a uno de los lados. Tengo vértigo pero no me importa ahora mismo, estoy caminando hacia Machu Picchu. Con este llevo cuatro días caminando y sólo quiero llegar. El ritmo de camino es rápido. Todos estamos emocionados. Los que no pueden mantener el ritmo se apartan para dejar pasar al grupo. Llegamos a las escaleras de Intipunku. Tengo que subir las escaleras escalón a escalón, más pendiente de la persona delante de mí que de lo que yo estoy haciendo. Si se cae hacia atrás nos caemos todos al precipicio. No entiendo cómo hacían esto los Incas. ¡Desde arriba podremos ver Machu Picchu!

La desilusión es general. Todo es una nube y no vemos más allá de cien metros. No vemos Machu Picchu y yo ya temo que me quedo sin fotos. Nos hacemos una foto de grupo con una nube detrás. Todos nos reímos diciendo: -¿No lo ves? ¡Ahí está! ¡Machu Picchu!- pero solo vemos una nube.

Ya solo nos queda un descenso. Llegar a Machu Picchu y que se despeje. Algunos corren, mis piernas ya no responden, ¡yo solo quiero llegar! Estoy en Machu Picchu. Durante un momento las nubes se disipan y lo vemos. No da tiempo ni a hacer una fotografía. Todo se vuelve a cubrir y empezamos a escuchar truenos. Empieza un diluvio descomunal. Nos resguardamos en los toldos del único bar que hay. Los toldos no aguantan y llueve bajo los toldos también. Reírse para no llorar. Una gran decepción.

Enciendo la Blackberry y me pongo a contactar a gente de España. Marta, una amiga de Manresa me ayuda diciendo detalladamente el tiempo previsto para las próximas horas. Se espera que haga sol en Machu Picchu dentro de tres o cuatro horas. Decido bajar a Aguas Calientes en autobús a tomarme algo caliente y secarme un poco. El grupo se queda en Machu Picchu. No creen que pare de llover y van a verlo aunque caiga el diluvio.

En Aguas Calientes encuentro a otros turistas que han decidido también bajar a tomarse algo y probar suerte más tarde. Tras un rato vuelven mis compañeros. Aprovecho para comer antes de subir de nuevo. No hace sol, pero ha parado de llover. Vuelvo a coger el autobús de subida. Llego arriba y empieza a clarear. Paso los controles y esta vez sí, me ponen el último sello en el pasaporte, el sello de Machu Picchu. Empieza a hacer calor. El sol quiere salir y las nubes parece que le van a dejar. Me paseo ahora sí por un Machu Picchu completamente visible, completamente espectacular. Durante media hora hago fotografías, no tengo mucho tiempo más, tardaré otra media hora en regresar abajo y no puedo perder el tren.

Se ha acabado el Camino del Inca, cuatro días caminando y han valido la pena. Sólo pienso en repetirlo. En hacerlo en verano, para poder tener cielos despejados y mejores fotografías. Me ha encantado la experiencia. El resultado vale la pena el esfuerzo. El llegar a Machu Picchu tras días caminando y pensando únicamente en ello hacen que la recompensa sea todavía mayor. Vuelvo a Cuzco, y vuelvo con una sonrisa. Este ha sido mi regalo de Navidad.

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4 Responses to El Camino del Inca, parte 2

  1. Txema León dice:

    Ya tenía yo muchas ganas de ver éstas fotografías y éstos relatos, y me han parecido fascinantes

  2. Pingback: El Camino del Inca, parte 1 | Diario Nómada

  3. liz dice:

    Ese treck es hermoso, lo hice hace años, y si, tienes que ir en temporada de los meses de Junio, Julio donde disfrutaras mas, te recomiendo otro treck mucho mas fascinante Choquequirao El ultimo refugio Inca

  4. Nerea dice:

    preciosa experiencia… Voy a estar unos meses de cooperante en Perú y no quiero marcharme de allí sin visitar esa mágico lugar, pero no me gustaría ir como los turistas, con aglomeraciones, sacar un par de fotos y marcharse… Por eso quería preguntarte si sabes de grupos que se organicen para hacer ese recorrido, para subir a Machu Picchu….
    Mil gracias!

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