El Camino del Inca, parte 1

Posted on by Juan Carlos Castresana
Imagen portada

Día 1.-

Son las tres y media de la mañana y ya toca que me despierte. Hoy empiezo el Camino del Inca. Cuatro días caminando desde el km. 82 cerca de Cuzco hasta Machu Picchu. Todavía me duele la pierna derecha. Jugando al fútbol en el Lago Titicaca me dio un tirón en la ingle y me dieron una patada en el tobillo, y todavía sigue doliendo.

Tras hacer el petate y revisar mi mochila de fotografía subo a recepción. Haré el recorrido con un grupo de veinte personas y si todo va bien llegaremos a Machu Picchu el día de Nochebuena. Tras hacer las presentaciones oportunas nos metemos todos en un autobús que nos llevará a Piscacucho haciendo una parada en Chilca para desayunar. El recorrido se hace interminable por unas carreteras llenas de baches y un terreno no bien habilitado para el paso de nuestro enorme autobús. Estamos en la temporada de lluvias. Todo son charcos y barro. El asfalto se quedó atrás en Cuzco.

Hacemos una parada de cuarenta y cinco minutos en Chilca para desayunar y aprovecho para comprar hojas de coca y un bastón por un dólar. La mejor inversión que podía haber hecho. Amenaza lluvia. Agradezco llevar un poncho en la mochila, seguro que lo necesitaré durante el camino. Mis compañeros se apresuran a comprar uno.

Tras una hora de autobús más llegamos a Piscacucho. Otros ya han llegado antes y están revisando las mochilas. Odón, nuestro guía, nos comenta el trayecto de hoy. Tendremos un inicio fácil, mañana será un día duro. Todo el grupo se reúne bajo el cartel que pone “Camino del Inca” km.82, es el inicio, estamos todos emocionados. En mi grupo hay británicos, australianos y holandeses, ningún español. Pasamos por el control enseñando nuestro pasaporte. Algunos de nosotros pedimos que nos lo sellen. Una prueba palpable de que estoy haciendo este camino.

Cruzamos el puente del río Urubamba y empezamos a ascender. Está lloviendo, y no parece que vaya a clarear. Ya me he puesto el poncho, camino con Odón que me comenta las particularidades del Camino. Vamos a buen paso, pronto llegamos al primer yacimiento arqueológico de los Incas, el Llactapata. Sigue intacto tal y como lo dejaron los Incas. Apenas han habido labores de restauración debido a su buen estado de conservación.

Seguimos el camino, vamos subiendo y bajando, comparado con el trekking del lago 69 esto es un paseo. Odón no da crédito a nuestra velocidad. En apenas unas tres horas hemos hecho un trayecto que habitualmente toma cinco horas. Llegamos a Wayllabamba donde los porteadores ya han llegado con nuestras cosas, han instalado las tiendas de campaña y están preparando la comida. Vaya organización. No me esperaba todo tan bien programado.

Dado que hemos llegado “demasiado pronto” disfrutamos de una tarde libre, de recuperación. Ya no llueve y todos estamos contentos. A lo lejos podemos contemplar el Verónica, una montaña nevada de casi 6000 metros. Llamada así porque la primera persona que lo subió era una mujer llamada Verónica. Descansamos pues el día más duro de todos es mañana. Llegaremos a un paso de más de 4200 metros de altura. Vamos a dormir muy temprano, sobre las ocho y media de la noche. Nos tenemos que despertar a las cuatro y media.

Día 2.-

Los porteadores nos despiertan con un té de coca. Saben que hoy va a ser duro para todos. La falta de oxígeno va a hacer que muchos lo pasemos mal. Tenemos ante nosotros una subida de unas cinco horas y una bajada de unas dos horas. En total siete horas caminando. No es muy esperanzador.

Tras un desayuno muy potente empezamos la marcha. Sigo impresionado con la organización del equipo y la calidad de la comida. ¡A este paso acabaré ganando peso en lugar de perderlo! Todo el camino es subida, llegamos a la zona de las Tres Piedras donde el control nos vuelve a sellar el pasaporte. El problema del camino radica en que mayoritariamente está poblado de escalones. Los escalones cansan las piernas mucho más que una cuesta arriba. Aunque me paro bastantes veces, cada vez estoy más contento de haber hecho el trekking en el lago 69. El haber llegado a 4900 metros de altura y haberlo superado, me da confianza para hacer este trekking. Me duele la pierna por el tirón y el tobillo, pero el bastón me está ayudando muchísimo.

Dejamos atrás una zona de acampada llamada Llulluchupampa empieza el trayecto más complicado. Una interminable escalera que teóricamente se tarda en subir unas cuantas horas. Resulta impresionante la fortaleza de los porteadores. Han salido después de nosotros y ya nos están pasando. Cada uno de ellos lleva a su espalda unos treinta kilos en la mochila que llevan. Yo llevo diez kilos de material fotográfico y me parecen un lastre que soltaría si no estuviera Machu Picchu al final del camino.

Llego a la cumbre bastante cansado, pero contento. No ha sido tan difícil, me lo imaginaba mucho más complicado. Me hacen una fotografía y dado que hace muchísimo frío ya emprendo la bajada hacia el campamento. Cuando veo el camino, empinadísimo hacia abajo, unas escaleras resbaladizas debido a la lluvia que está cayendo, decido tomármelo con calma. Lo importante es llegar y no voy mal de horario, es más, voy algo adelantado. Empiezo a bajar y de repente empiezo a ver bajar a los porteadores corriendo. Sí, corriendo. No doy crédito a mis ojos. Yo intentando no romperme en trozos y ellos bajando unas escaleras en deficiente estado, resbaladizas como pocas, con treinta kilos a la espalda y las bajan corriendo.

Sigo bajando y por fortuna hay unos trozos más o menos planos. Se agradece para descansar un poco las rodillas de tanta bajada. Cuando me he mentalizado que me falta un buen rato resulta que ya he llegado a la zona de acampada Paqaymayu. Al final el camino de siete horas lo he hecho en cinco. Estoy contentísimo aunque empapado. Obviamente aunque haya llegado pronto, los porteadores han llegado antes que yo y ya está todo montado y organizado. Los compañeros que han llegado antes que yo nos tomamos un té de coca mientras esperamos a que llegue el resto del grupo para comer.

Amenaza lluvia así que toca reafirmar las tiendas y ayudar en lo que se pueda. Con Odón y el grupo de porteadores organizamos unas tartas pues hay una chica que cumple años. Le daremos una sorpresa en la cena. Ha sido la última en llegar, le ha costado mucho, no se ha adaptado bien a la altura, pero lo ha conseguido.

Cenamos y cantamos, estamos todos contentos. Hemos superado el segundo día del Camino del Inca, el día más duro. Mañana toca caminar muchas horas, pero es relativamente mucho más fácil a hoy. Nos vamos a dormir felices, mañana será otro día.

Puedes leer la segunda parte del artículo en: “El Camino del Inca, parte 2

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